martes 29 de junio de 2010

Para terminar de no entender la crisis

Ayer vi a Felipe González (a partir del minuto 6) en la tele. Dijo cosas interesantes (recomiendo su visionado) y a partir de ellas hago estas reflexiones, ideales para terminar de una vez por todas, de no entender la crisis.

Magnitudes Macro. Cuando en el debate popular y en las barras de los bares se cuela el lenguaje económico es síntoma claro de que el país está en crisis. Recuerdo que en Argentina los medios de comunicación daban por comúnmente sabidos términos económicos que en España sólo utilizarían los economistas, como por ejemplo default. Pensé que se trataba de una manifestación más del "doctorismo" que caracteriza a los argentinos. Pero no, era la crisis, porque las magnitudes macro han llegado también a los bares de España, aunque hasta llegar a default nos queda todavía un poco más de relación con el FMI.

La crisis en Europa. González se preguntaba por qué a Europa le cuesta salir de la crisis más que al resto de economías: falta de competitividad en un entorno globalizado. Concuerdo. Achacaba esa falta de competitividad a la inadaptación o más bien a la adaptación tardía de la economía europea al I+D y a la sociedad de la información y el conocimiento. No compro. Si nos fijamos en el Top 1000 de las empresas que más invierten en I+D (pág. 25) vemos que las primeras son las norteamericanas (38%), seguidas de las europeas (29%) y las japonesas (22%). China tiene solo el 0,6%. Precisamente las economías del norte han sido las más afectadas por la crisis y el propio Felipe González habla de que Japón lleva 10 años "lamiéndose las heridas" (Japón hace tiempo que crece poco y siempre ha sido puntera en tecnología). La tecnología es un factor importante pero no es el factor clave. Sin lugar a dudas lo que hace a los países emergentes competitivos es el menor coste de la mano de obra, Brasil, India, China.

Competitividad. En el escenario global y con duros competidores asiáticos (inventados por el capital norteamericano y europeo, todo hay que decirlo) la vieja Europa aparece como un agente económico aquejado de alzheimer, artrosis y demás enfermedades de personas mayores. Por tanto, la reforma de la economía europea aparece como imperativo global. Esa es la famosa Estrategia de Lisboa (2000) que ya apuntaba a aumentar la competitividad de Europa en el mundo a través de una mezcla de incremento de la productividad y reducción de costes laborales. Ambas cosas vienen a ser lo mismo pero al revés. Se puede incrementar la productividad (medida en el valor medio de una hora de trabajo) produciendo más por lo mismo lo que equivale a decir que los costes laborales descienden; pero este es un camino de espinas. Y también se puede reducir los costes laborales directamente, importándote un huevo la productividad, por la vía de quitar derechos laborales. Parece que la crisis requiere de soluciones rápidas y Merkel y Cameron ya han tomado una decisión: Las principales economías de la UE están sacando la tijera y anunciando medidas "dolorosas" para reducir el déficit público tras vivir los últimos años "por encima de las posibilidades", según han coincidido en señalar la canciller alemana, Angela Merkel, y su homólogo al frente del Ejecutivo británico, David Cameron (El País).

El caso español. Llevo dándole vueltas un tiempo al problema de la economía española y con rudimentario conocimiento económico (ya mayor que el de Leopoldo Abadía) he sacado una conclusión. El problema de España se apoya fundamentalmente en dos factores, y ninguno de ellos es la falta de inversión en I+D, el modelo productivo y todos los tópicos en torno al modelo productivo. Vale que dependemos en exceso del turismo y la construcción, que no son sectores especialmente productivos, pero no tenemos la culpa de que Dios nos haya dado 8 mil kilómetros de costas, un clima agradable y una alta sociabilidad -mayor que la de los croatas, al menos-.

Factor 1: El euro y la imposibilidad de devaluar moneda. Desde Keynes, las crisis requieren inyección de dinero público para poner en marcha nuevamente la rueda de la economía, lo que se llama política anticíclica. Y ese dinero o se tiene o se pide prestado. Si la balanza de pagos de un país es positiva quiere decir que el país ingresa por todas las exportaciones más que todo el dinero que gasta por las importaciones en un año. Si es negativa, lo contrario. Un país con balanza de pagos positiva es un país que ahorra dinero y que puede prestarlo, convirtiéndose en acreedor. España tiene balanza de pagos negativa, por lo que todas sus unidades productivas públicas y privadas consideradas en conjunto (lo que es un poco una ficción económica) tenderán a pedir dinero prestado al exterior convirtiéndose España en un país deudor. En una coyuntura de crisis los países con moneda propia tienden a devaluarla para que aumenten sus exportaciones. De esta manera se equilibra la balanza de pagos, se pone en marcha la economía y una vez se va recuperando la economía se van devolviendo los préstamos, pensando que en el interín el Estado ha puesto dinero suficiente para que ninguno de sus ciudadanos se quede en la estacada (prestaciones por desempleo y pensiones). Pero esta jugada de manual no la puedes hacer cuando no controlas la política monetaria (en manos del Banco Central Europeo) y resulta aun más problemática cuando los países con los que compartes moneda son además a los que le vendes el 75% de tus productos (Francia, Alemania, Italia, Portugal).

Factor 2: El mercado laboral, la temporalidad. Probablemente lo más malo que tiene España, al mismo nivel que los crímenes de Puertohurraco, es el mercado laboral. Tenemos un mercado laboral de mierda, una tasa de paro elevadísima siempre y que en momentos de crisis adquiere cifras escandalosas. Lo más bajo es un 8% y lo más alto un 23%. Este dato hace que la crisis en España se viva con mayor dramatismo que en Francia, Holanda o Alemania. Y tenemos una tasa de temporalidad elevadísima también, en torno al 30% de los contratos son temporales. La temporalidad convierte al mercado laboral en la práctica en un mercado desregulado completamente ya que a los empresarios les sale gratis echar a la gente al paro en época de crisis: vale con no renovar un contrato temporal. Francia o Italia, a descensos en su PIB superiores al de España no destruyen tanto empleo como España, de la misma manera que no generaban tanto empleo en época de bonanza, lo que da la razón a quienes advertían de lo efímero del crecimiento del empleo en España. No hay que olvidar que el contrato temporal es un invento del PSOE de Felipe González.

El futuro. Ahora voy a hacer futurología. De la crisis saco varias conclusiones; la primera es que la teoría de la dependencia y del neocolonialismo tal y como la conocemos ha llegado a su fin. Las relaciones internacionales, políticas y económicas, ya no serán como en el siglo XX, ni siquiera como a finales del siglo XX. Brasil, India o China no aparecen como sometidas sino como competidoras soberanas. En todo caso, buena parte de África seguirá manteniendo un estructura neocolonial, pero ya no será una relación norte-sur, sino que también se dará sur-sur, como demuestra el fuerte desembarco de las inversiones chinas en Angola, Namibia, Sudán, Mozambique, etc. La segunda conclusión es que la batalla por la reducción de costes laborales llegará un día que encuentre su fin, que es cuando se produzca el absurdo de que la gente no tenga poder adquisitivo para comprar lo producido. En la propia China, a la vista de que EEUU, Europa, Japón pueden debilitar su demanda, se está fomentando la demanda interior, que solo puede hacerse incrementando los salarios, por lo que las diferencias salariales respecto a Europa se achicarían, pero no solo por la reducción de los salarios en el primer mundo, sino por la elevación de los salarios chinos también. El futuro que vislumbro es el de la relativa igualación norte-sur, pero bastante alejados de los parámetros de estado del bienestar europeo de la segunda mitad del siglo XX.

El futuro en España. Hay margen, en la industria y en el sector servicios, aunque hay que irse olvidando de estar en el Top 10 de la economía mundial (no pasa nada). El gran problema de la falta de recursos energéticos podría aprovecharse como ventaja, para el impulso de las energías renovables y de todo lo relacionado con la eficiencia energética. Pero falta compromiso político y la cultura empresarial española es patética, no hay más que ver al líder de la CEOE.

Perdón por el ladrillo.