martes 10 de agosto de 2010

He terminado de leer Teoría breve de Relaciones Internacionales, de Paloma García Picazo, ed. Tecnos. El libro, breve y asequible -como su nombre indica- está bien como introducción o repaso a las principales corrientes teóricas de las Relaciones Internacionales, pero se queda cojo a la hora de explicar cuál es el contenido en sí de las Relaciones Internacionales: actores, marcos conceptuales, hipótesis, estado de la cuestión, etc. Por ello, un título más apropiado podría ser Teoría breve de las teorías de Relaciones Internacionales. Una teoría breve de la filosofía, por ejemplo, no podría limitarse a ser un breve repaso de historia de la filosofía.

Partiendo de este limitado enfoque, resulta cómoda la manera en que la autora expone las diferentes corrientes teóricas, enfrentándolas en tres debates cronológicamente sucesivos. Puesto que no es necesario descender demasiado al terreno de los hechos, se puede ir desenvolviendo el repaso tal y como iban dándose los debates en el ámbito académico y editorial: 1) realistas vs. idealistas, 2) positivistas vs. humanistas (estudios históricos), 3) globalistas vs. estatocentristas. Parecen destacar dos autores de entre toda la miríada de nombres, dos intelectuales vivos e ideológicamente antagónicos: Kenneth Waltz e Immanuel Wallerstein.

Tanto el prólogo como el epílogo, poco ortodoxos y algo autorreferentes en lo que tienen de vendetta universitaria, tienen algunas ideas bien planteadas con las que a grandes rasgos concuerdo:

a) Occidente, con sus luces y sombras, como estadio de progreso contra el que determinados proyectos civilizatorios alternativos contraponen débiles esquemas que no pueden competir en sus determinaciones más profundas, especialmente en la aceptación de la ciencia como forma superior de conocimiento y la dignidad de la persona humana como valor esencial universal. No confundir con la teoría del choque de civilizaciones de Samuel Huntington al que la autora tacha de propagandista ideológico.

b) Rechazo del realismo internacional, por ser a menudo tapadera académica de la ideología de la Guerra Fría y rechazo del idealismo internacional, o buenismo, por endeble. Citando a Max Weber, "para ser verdadero, algo no necesita ser ni bueno ni bello".