martes 1 de marzo de 2011

El Derecho y los animales chinos de Borges

En Fruta Prohibida, del profesor de Filosofía del Derecho Juan Ramón Capella, se utiliza un símil muy original, divertido e ilustrador que compara las categorías del Derecho y la clasificación china de los animales según Jorge Luis Borges.

Borges da una clasificación china según la cual los animales se dividen en:
  • a) pertenecientes al Emperador,
  • b) embalsamados,
  • c) amaestrados,
  • d) lechones,
  • e) sirenas,
  • f) fabulosos,
  • g) perros sueltos,
  • h) incluidos en esta clasificación,
  • i) que se agitan como locos,
  • j) innumerables,
  • k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
  • l) etcétera,
  • m) que acaban de romper el jarrón,
  • n) que de lejos parecen moscas.
Esta clasificación se nos antoja a simple vista arbitraria y parcial. Pues bien, las categorías del Derecho, que en su mayor parte las heredamos del Derecho Romano, no son menos parciales y arbitrarias. Conceptos como obligación, acción, cosa fungible, cosa no fungible, derecho real, derecho de crédito, etc; surgen en un contexto muy determinado, el de la expansión romana y responden a las necesidades e intereses de organizar unas relaciones sociales muy particulares: los amos con sus esclavos, los romanos con los no-romanos, los paterfamilias con sus hijos naturales, con sus hijos adoptivos y con las personas a su servicio, los maridos con sus mujeres, y sigue la lista y viceversa.

Una de estas herencias es el concepto de tener un derecho. Yo tengo un derecho, tu tienes un derecho, nosotros tenemos derechos. Cuando tenemos un derecho esperamos, y en su defecto exigimos, que otra u otras personas cumplan una obligación, o lo que es lo mismo un deber. Si tengo un piso en propiedad y se lo alquilo a alguien, tengo derecho a percibir la renta, y el inquilino la obligación -o el deber- de pagarla. Si tengo derecho a la salud el Estado tiene la obligación -o el deber- de construir hospitales y prestar un servicio de salud.

El derecho propio sólo existe si hay un deber ajeno. En Roma, un montón de gente (esclavos, mujeres...) estaba cargada de deberes que no tenían su correspondiente derecho. Hoy ya no existe la esclavitud, pero parece claro que en nuestra sociedad unos pocos poseen más derechos que deberes y bastantes más deberes que derechos, y se me viene a la cabeza el caso de un impago hipotecario o una suspensión de pagos de un gran holding empresarial.

No es casualidad que la ilustración burguesa haya enfocado su discurso político y jurídico desde el aspecto individual de los derechos y no del aspecto colectivo de los deberes. Como dice Capella:
"Ese individualismo del discurso jurídico, hegemónico todavía hoy, vuelve invisibles para él las situaciones en que hay seres humanos cargados de deberes que no tienen correspondencia en otros".
Pero con Capella no descubrimos nada, la letra de la internacional comunista ya dice desde principios del siglo pasado:
"No más deberes sin derechos, ningún derecho sin deber".